Queridos Recuerdos

By Wanda Merino

Que vergüenza, cuanto tiempo sin vernos las caras…

Me pregunto si os he echado de menos… me pregunto si soy yo la que debería hablaros, perseguiros, pero no! Si soy yo la que me fui y vosotros seguís en el mismo sitio, podríais para variar acordaros de mi ¿no? Saludarme desde la lejanía ni que sea…

A veces me acuerdo de darte la mano, de fundirnos, de reinos, de bailar en trance, sin dirección ninguna, con la cabeza vacía… Aunque estoy segura, que sintiendo el viento en la frente las ideas se me congelaban… Las que me rondaran por ahí perdidas… Pero cuando lo pienso ahora, me pienso vacía, no recuerdo nada.

Fueron instantes convertidos en cenizas, quizás me puedo aproximar al sentimiento que me atravesaba la garganta, que clamaba por salir. El escozor en el pecho. Todo era hipnótico a la vez que fantástico.

Supongo que sigo como siempre transformando los recuerdos… Para eso sirve la memoria ¿no?

Sino me lo dices tu ¿Quién me va a resolver esta duda? ¿Quién me va a llevar otra vez fluctuando al ritmo de la música al punto en el que estaba? ¿Quién me va a fragmentar los segundos transcurridos para que pueda acumularlos de nuevo? Y contarlos como fueren, como fuesen, como creo que pasaron…

Me sentía libre, inerte, pasional, fractal… Oía voces pero no podía identificarlas. Era la maravilla de verse envuelta en una humareda cambiante, en una sucesión de colores llamativos pero borrosos.

Me movía en todas direcciones, pero sin buscar la salida, no estaba atrapada, tal vez un poco embriagada de confusión. Y tu seguías cogiéndome la mano, no me soltabas, no dejabas que mis pedazos se esparcieran en el suelo llano y arisco.

Lentamente te comunicabas conmigo a través de vibraciones, fluía una unión de magnetismo ajena a todo lo que transcurría alrededor… Te brillaban los ojos en la oscuridad, aunque yo nunca los llegue a ver. Tan solo los sentía posados sobre mi, inmiscuyéndose en mi cuerpo, pegándose como partículas invisibles.

Irradiábamos juntos, soledad y desamparo. Dos estelas entrecruzándose a mitad del barullo agitado y nocturno. Te sentía tan cerca que no podía verte, nuestros suspiros se mezclaban convirtiéndose en un vaho denso e intransferible. Rodábamos por el suelo, silvestres, acechando miradas sospechosas.

En su momento creí que todo eran sensaciones infundadas, ahora me pregunto porque las deseche sin piedad, tal vez eran reales y mi orgullo me sugestiono para que las destripara, para que las mandara lejos de mi, jodida conciencia que solamente quieres que sueñe despierta cuando a ti se te antoja.

Ay queridos, esos eran instantes que imaginaba eternos, que quería coleccionar en burbujas incandescentes para mi disfrute personal, y que poco a poco, una a una, todas las pompas han acabado estallándome en la cara. Un presente agrietado, por donde el pasado se derrite y gotea, no obstante, no lo suficiente como para alarmarse por una posible inundación.

Aún no tengo los pies mojados… Tampoco ando descalza por la vida.

 

 

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